Tanuki: el perro mapache japonés, entre el animal y el yokai

Tanuki: el perro mapache japonés, entre el animal y el yokai

El cánido de máscara oscura que Japón convirtió en tramposo, amuleto y traje de Mario

Quien llega al tanuki (狸) por Super Mario o por una figura de cerámica en la puerta de un izakaya suele pensar que está viendo un mapache. La máscara oscura alrededor de los ojos pide esa lectura. El cuerpo, sin embargo, es de cánido: pariente de perros y zorros, no del Procyon lotor americano.

En Japón esa palabra no se queda en el animal. Puede nombrar al vecino de bosque que cruza un pueblo de noche, al tramposo de un cuento o a la estatua gorda con botella de sake. El salto entre las tres es lo que hace al tanuki tan extraño, y tan difícil de traducir con una sola frase.

Tanuki real junto a una ilustración del animal con hoja y botella de sake
Índice 5

El perro mapache, no el mapache

El tanuki japonés es un cánido de cuerpo compacto, hocico corto y esas marcas negras que le dieron el apodo de perro mapache. Suele medir entre 50 y 65 cm, con una cola más corta que la de un zorro, y pesar de 4 a 8 kg — más en otoño, cuando acumula grasa. En la clasificación reciente a menudo se trata como Nyctereutes viverrinus, especie propia del archipiélago; durante décadas se lo agrupó como subespecie del perro mapache continental, Nyctereutes procyonoides.

Tampoco es un tejón. En algunas regiones de Japón la palabra mujina (貉) se usó para el tanuki y también para el tejón, y esa superposición todavía confunde diccionarios y traducciones. En el japonés estándar de Tokio, tanuki es el perro mapache y anaguma es el tejón. Quien busca los nombres de animales en japonés tropieza con esa trampa: una sola voz popular cubre más de un bicho.

Se los ve en bosques, llanuras, bordes de arrozal e incluso en pueblos. No hace falta imaginar una montaña remota. El tanuki se acostumbró a vivir cerca de la gente, con hábitos crepusculares y nocturnos.

Cómo vive el tanuki de verdad

Es omnívoro. Come semillas, frutos, ranas, lagartos, roedores, insectos y, si hace falta, carroña. Prefiere huir a pelear. Hay observaciones de tanuki que se hacen los muertos ante una amenaza: no es heroísmo, es una salida barata.

Suelen formar una pareja estable. La gestación dura alrededor de 60 días y el macho ayuda a alimentar a la hembra y a las crías hasta el destete, unos 50 días después del nacimiento. No es el cánido solitario de postal: en temporada de cría la unidad familiar se nota.

Entre los cánidos, el tanuki es el que más se acerca a un invierno de letargo. No es una hibernación de oso con una caída profunda de temperatura, pero en el frío baja mucho la actividad y, antes de eso, puede aumentar su masa corporal cerca de un 50% para guardar grasa. También trepa: las garras curvas le permiten subir a un árbol, algo que sorprende a quien lo imagina como un perro bajo. Los dientes, en cambio, son relativamente pequeños.

Se los ha cazado por la carne —a la que se atribuyeron cualidades medicinales— y sobre todo por la piel. Eso no convierte al tanuki japonés en una rareza: sigue siendo común en gran parte del archipiélago. Lo que sí conviene separar es el animal de Japón de las granjas de piel del continente, que a menudo se mezclan en el mismo párrafo como si fueran un solo recuento.

Bake-danuki: el yokai que cambia de forma

El folclore toma al animal y lo estira. El bake-danuki (化け狸) es el tanuki sobrenatural: cambia de forma, imita a un humano, transforma una hoja en un billete o se mete en un objeto cotidiano. Comparte con el kitsune el oficio de metamorfosis, pero el tono suele ser otro. El zorro puede ser sagrado, seductor o peligroso; el tanuki, más a menudo, es pícaro, glotón y un poco tonto, aunque hay cuentos antiguos donde resulta cruel.

Uno de los relatos más conocidos es Bunbuku Chagama (文福茶釜), la tetera que no acaba. En una versión popular, un tanuki agradecido se transforma en caldero; el calor del fuego acaba sacándole patas, cabeza y cola. El templo Morin-ji, en Tatebayashi (Gunma), guarda otra tradición: un caldero que da agua sin agotarse y luego revela su naturaleza animal. No hay una sola moraleja. Hay una familia de cuentos.

En Kachi-kachi Yama el tanuki no es el bromista de souvenir. Ahí mata a una anciana y sirve su carne al marido. Vale la pena recordar esa capa cuando la estatua de la tienda parece solo un muñeco feliz. El yokai no nace ya de buena fortuna: esa cara comercial es posterior. Quien quiera más criaturas del mismo estante puede seguir por los mitos y leyendas japonesas.

Estatua de tanuki con sombrero de paja y grabado ukiyo-e donde el escroto enorme hace de barca

La estatua de Shigaraki y los ocho deseos

La figura que hoy se ve frente a restaurantes, bares e izakaya viene sobre todo de la cerámica de Shigaraki, en Shiga. El sombrero de paja, la botella de sake, la barriga y el escroto desmesurado se popularizaron en el siglo XX como reclamo de negocio, no como un dios oficial. El juego de palabras ayuda: kintama (金玉) son «bolas de oro» y, en japonés coloquial, testículos. La prosperidad se cuelga de un chiste que ya circulaba en el ukiyo-e de Edo.

A esa imagen se le atribuyen ocho rasgos de buen augurio —a veces llamados hassō engi—. Las palabras cambian un poco según el taller, pero el elenco más común es este:

  • Sombrero de paja, protección contra el mal tiempo y los imprevistos.
  • Ojos grandes, para ver bien y decidir con tino.
  • Botella de sake, virtud y convivencia.
  • Cola larga, firmeza hasta terminar lo empezado.
  • Escroto enorme, fortuna en el dinero, no potencia sexual.
  • Libro de cuentas o pagaré, confianza.
  • Barriga grande, calma y decisiones con peso.
  • Sonrisa, la buena acogida del mostrador que quiere clientes.

No es un código sagrado. Es un catálogo de deseos pegado a una figurita que vende bien. Por eso conviven la estatua jovial y el grabado donde el mismo escroto se convierte en barca, manta o tambor: el humor es parte del motivo, no un accidente.

Mario, Pom Poko y el festival de Tokushima

En Occidente, mucha gente conoció al tanuki por Super Mario Bros. 3. El Tanooki Suit le da a Mario cola, orejas y dos trucos que vienen del folclore: volar un rato y quedarse hecho estatua, invulnerable mientras dura la pose. Shigeru Miyamoto no inventó un mapache de videojuego: tomó un animal que cualquier niño japonés ya sabía nombrar. El traje volvió en entregas posteriores y en Mario Kart o Smash, ya como diseño reconocible.

En cine, Pom Poko (平成狸合戦ぽんぽこ, 1994), de Isao Takahata, pone a una comunidad de tanuki usando sus transformaciones para frenar la urbanización de sus bosques. Ahí el animal, el yokai y la crítica al suburbio japonés caben en el mismo plano.

Mario con traje Tanooki, chica de anime con orejas de tanuki y decenas de estatuas de cerámica

En Tokushima, a principios de noviembre, se celebra el Awa no Tanuki Matsuri (阿波の狸まつり), un festival de otoño que empezó en 1978 y llena el parque Aibahama de puestos, disfraces y caras de tanuki. No es un rito milenario: es un pueblo que eligió a su animal más bromista como marca de temporada.

Incluso en la carta de un restaurante el nombre se cuela. El tanuki udon o tanuki soba no lleva carne del animal: son fideos con tenkasu, los restos crujientes de la tempura. El kitsune lleva tofu frito. Dos metamorfos, dos platos, cero zoología en el tazón.

Al final, el tanuki merece la visita precisamente por esa doble vida: el cánido que se hace el muerto en el bosque y el muñeco que, desde la puerta, pide sake y clientes.

Fuentes y enlaces útiles

Sobre el autor

Kevin Henrique

Especialista con más de 10 años de experiencia en cultura asiática, con foco en Japón, Corea, anime y juegos. Autodidacta, escritor y viajero centrado en enseñar japonés, consejos de turismo y curiosidades profundas.

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