Mientras en buena parte de Occidente las emisoras y las listas las ocupan canciones con letra y un ritmo bastante previsible, Japón sigue reservando un sitio visible a la tradición de concierto europea. ¿Sabes a qué nos referimos cuando hablamos de música clásica?
La etiqueta cubre más que sinfonías, óperas y el violín o el piano. Lo que suele unir ese repertorio es la complejidad de la instrumentación: muchos instrumentos organizados para construir una pieza de concierto.
Conviene precisarlo de entrada: hablamos de la tradición clásica europea, no del gagaku ni de la música tradicional japonesa. Esa línea occidental sigue fuerte en el país, y el J-Pop, el J-Rock y otras músicas populares japonesas toman de ella cambios de sección, armonía e instrumentación que en otros mercados aparecen menos.
Tokio concentra más orquestas profesionales a tiempo completo que Londres, Nueva York, Berlín o Viena: ocho conjuntos grandes, con temporada de conciertos y salas llenas. En el resto del país también hay centros de arte musical y salas de concierto. Cada diciembre, la Novena de Beethoven, llamada daiku, se interpreta cientos de veces, a menudo con coros que cantan de memoria.
La música clásica occidental se introdujo en Japón en la era Meiji (1868-1912). Bach, Mozart, Beethoven y Wagner entraron en el repertorio escolar y de concierto. El 19 de febrero de 1887, en Tokio, un conjunto de la entonces Escuela de Música de Tokio ofreció la primera interpretación sinfónica documentada en el país, con fragmentos de la Primera sinfonía de Beethoven.

La música clásica presente en Japón
La educación musical empieza a los 6 años y es materia obligatoria hasta los 15. En primaria se canta, se toca la flauta dulce y suele haber un piano en el aula. En secundaria muchos alumnos eligen clubes de banda, coro u orquesta después de clase, o se acercan a instrumentos tradicionales y clásicos. Eso no convierte a todos en concertistas, pero sí hace que casi toda una generación haya oído a Bach o a Beethoven en clase y haya tocado en grupo.
Ir a la orquesta, en otros países, se asocia a un público reducido. En Japón el concierto forma parte de la vida urbana de forma más cotidiana. Tokio es el centro: además de las ocho orquestas grandes hay decenas de conjuntos amateur, escolares y de empresa.
Hoy esa música aparece también en cine, videojuegos, animes y doramas. En el siglo XX y XXI destacan el compositor Toru Takemitsu, el director Seiji Ozawa y la pianista Fujiko Hemming. En videojuegos, Koji Kondo (The Legend of Zelda, Super Mario), Akira Yamaoka y Nobuo Uematsu marcaron cómo suena una aventura para millones de jugadores.

Además de usar orquestación clásica como banda sonora, varios animes y mangas cuentan historias sobre músicos. Shigatsu wa Kimi no Uso (Your Lie in April) y Nodame Cantabile, junto con otros animes escolares de instrumentos y canto, son un atajo claro si quieres acercarte a ese repertorio.
Nodame Cantabile llegó a drama, cine y orquesta de verdad; Shigatsu wa Kimi no Uso pone el piano y el violín en el centro de un instituto. Por eso aparecen en las listas de animes de música: el repertorio clásico mueve la trama, no solo el fondo.
Música moderna influenciada por la clásica
Desde pequeños, muchos japoneses estudian piano o violín fuera de la escuela. Un tema de J-Pop o un opening de anime suele cambiar de sección, de instrumentación y de armonía a mitad de canción.
Compara una canción occidental de radio con un single japonés, incluso de anime. En las japonesas es frecuente encontrar giros grandes a mitad de tema e instrumentos que en el pop occidental quedarían como adorno: piano, violín, koto, shamisen y sintetizadores en la misma pista.
Buena parte de ese catálogo se percibe como romántico. El piano y el violín aparecen a menudo, junto con instrumentos tradicionales y sonidos sintéticos que dan densidad al arreglo.
En muchos países la clásica quedó en un nicho de conciertos y de conservatorio. Japón la mantiene en la escuela, en la sala y, de forma menos obvia, en las canciones que suenan en la tele. A eso se añade la música tradicional y la organización de los festivales, donde el ensamble sigue siendo el centro.

Puedo afirmarlo por experiencia propia. Después de engancharme a bandas sonoras de películas, juegos y animes, llegué a músicas japonesas que se sostienen solo con los instrumentos, sin depender de una voz o de una letra, que es lo primero que suele fijarse la gente. ¿Y tú? ¿Qué te parece la música clásica? Me interesa tu opinión, y agradezco los comentarios y que compartas el artículo.




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