A primera vista, la barba no es popular en Japón, y a veces ni siquiera el bigote. ¿Te has preguntado por qué los japoneses no tienen o no llevan barba? ¿Será que no les crece suficiente vello? ¿O que la consideran una falta de higiene? La respuesta combina genética, historia y reglas de trabajo, y en este artículo intentaré explicarla.
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Barba en Japón
La palabra japonesa hige [髭] sirve para hablar del vello facial en general, ya sea barba o bigote. La zona se especifica añadiendo una palabra delante: kuchihige es el bigote, agohige la barba de la barbilla y hōhige las patillas. Ni siquiera el idioma japonés parece apreciar las barbas: hige suena igual que 卑下, la palabra para la autodepreciación.
Por genética, a muchos hombres japoneses les crece menos vello facial que a los hombres de Europa o de Asia Occidental, y algunos apenas necesitan afeitarse. La densidad varía mucho de una persona a otra, incluso dentro del país, y no basta para explicar la costumbre de ir afeitado. La presión social y las normas de trabajo hacen el resto.
Muchas empresas japonesas tienen reglamentos internos de imagen que no permiten la barba, y una parte de los empleados los acepta sin cuestionarlos. La barba se asocia con falta de higiene, dejadez o una actitud rebelde, y esa imagen pesa en entrevistas, ascensos y trabajos de atención al público.

La historia de la barba en Japón
Durante la Edad Media y a comienzos del período Edo, el samurái llevaba barba como señal de autoridad y hombría, y un rostro sin barba podía ser motivo de burla. Quien no tenía suficiente vello recurría a barbas postizas, las tsukehige, para no perder presencia.
Con la paz de Edo, el shogunato dejó de ver con buenos ojos el aire guerrero. En 1670, durante el gobierno de Tokugawa Ietsuna, se promulgó la Ōhige Kinshirei, una prohibición de la barba que alcanzó a todas las clases. La medida se reforzó en 1686, y para entonces el rostro afeitado y el peinado chonmage ya se habían impuesto entre los samuráis.
Hubo excepciones, como el samurái al que se le permitió conservar la barba para ocultar una cicatriz. Con el tiempo, la barba pasó a leerse como señal de dejadez o de duelo, y dejó de ser un atributo de prestigio. La apariencia se volvió parte del orden social, y el shogunato la reguló.

A esa ruptura se sumó el trato que recibieron los ainu de Hokkaido, a quienes se describió como hombres barbudos y salvajes para marcar distancia. Dentro de la sociedad ainu, en cambio, una barba abundante era motivo de orgullo y cortarla se consideraba una falta de respeto a los dioses.
De esa mirada despectiva nació el término ketō [毛唐], usado para los extranjeros occidentales, a quienes también se asociaba con la barba.
La era Meiji trajo de vuelta la barba como signo de modernidad y prestigio entre políticos y militares. El edicto Dampatsurei de 1871 obligó a los samuráis a cortarse el pelo y aceleró el fin del chonmage. Para 1873, el emperador Meiji ya lucía bigote. El general Nagaoka Gaishi se hizo famoso por una barba de casi 70 centímetros que llamaban «barba de hélice». A comienzos del siglo XX, la barba volvió a perder prestigio en Occidente y en Japón quedó otra vez asociada a lo antiguo.
¿Cómo se encara la barba en Japón hoy en día?
Hoy hay hombres con barba en Japón, aunque siguen siendo minoría. Entre las figuras públicas que la llevan están el artista Takashi Murakami, el director Hayao Miyazaki, el creador de videojuegos Hideo Kojima, Hideaki Kobayashi (conocido como Sailor Fuku Ojisan), el actor Takayuki Yamada y el periodista Jumpei Yasuda.

Entre los jóvenes, la barba no suele ser la primera opción. El ideal de belleza masculina que se ve en la publicidad y en la televisión favorece un rostro limpio, y muchas empresas valoran esa imagen. El resultado es una presión discreta que empuja a afeitarse, aunque no siempre se diga en voz alta.
Esa presión tiene límites legales. En 2008, el Colegio de Abogados de Osaka recomendó a la empresa postal que dejara de perjudicar a Noboru Nakamura, un empleado de 55 años al que se había rebajado la evaluación por llevar bigote. En 2010, el Tribunal de Distrito de Kobe condenó a Japan Post a pagar 375.600 yenes a Hideki Shiba, otro trabajador penalizado en su evaluación por no afeitarse. En 2019, una encuesta de Rengō a 1.000 trabajadores encontró que 571 tenían normas de imagen en el trabajo y que 111 dijeron que había algún tipo de sanción por incumplirlas.
No existe una ley general que prohíba la barba en Japón. Lo que hay son reglas de empresa, expectativas sociales y una genética que, en promedio, se traduce en menos densidad que en otras regiones. Muchos hombres notan que la barba les crece de forma irregular y prefieren el afeitado diario; otros optan por la depilación láser. Esas razones explican por qué se ve menos que en Europa, aunque ninguna la vuelve un problema.
Dejarse la barba en Japón sigue siendo una decisión personal que se lee dentro de un código social que premia el rostro limpio. Esa tensión explica por qué un gesto tan simple todavía puede generar comentarios. ¿Qué opinas tú de la barba en Japón?






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