Akita Inu y Shiba Inu: tamaño, carácter e historia

Akita Inu y Shiba Inu: tamaño, carácter e historia

Razas japonesas con exigencias muy distintas: tamaño, temperamento y cuidados comparados antes de elegir entre un akita...

El Akita Inu y el Shiba Inu son las dos razas de perros japonesas más conocidas, y la forma más rápida de distinguirlas es el tamaño. Ambas pertenecen al Nihonken [日本犬], el grupo de seis razas nativas japonesas que también incluye el Hokkaido, el Kai, el Kishu y el Shikoku, y ambas están declaradas Monumento Natural de Japón: el akita desde 1931 y el shiba desde 1936.

Las cifras son fáciles de recordar. Un akita macho mide alrededor de 67 cm a la cruz y una hembra unos 61 cm, mientras que un shiba macho alcanza unos 39,5 cm y una hembra 36,5 cm, según los estándares de la FCI. El akita es un perro pesado, de cabeza ancha, criado para la nieve del norte de Japón; el shiba es un cazador pequeño, de aspecto zorruno, que se adapta sin problema a un apartamento.

También comparten un temperamento que sorprende a los nuevos propietarios: silenciosos en casa, limpios y dignos, muy unidos a su familia pero reservados con los desconocidos y a menudo indiferentes con otros perros. El shiba añade un punto terco e independiente, mientras que el akita aporta fuerza y un fuerte instinto territorial.

Shiba Inu y Akita Inu sentados uno junto al otro al aire libre

Esa combinación explica por qué el shiba es la raza japonesa más popular como perro de compañía, mientras que el akita sigue siendo una raza de trabajo en esencia. El tamaño, el color y el carácter los separan con claridad, y la división entre las líneas japonesa y americana añade una diferencia más.

Camada de cachorros de razas japonesas descansando en una caja de cartón
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Diferencias entre el Akita Inu y el Shiba Inu

El color es donde entra en escena el akita americano. El akita japonés solo admite rojo leonado, sésamo, atigrado y blanco, todos con urajiro, las marcas claras del hocico, las mejillas, el pecho y el vientre. El akita americano, desarrollado en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, admite cualquier color, incluida la máscara negra y los patrones pinto que descalificarían a un akita japonés.

Perros akita inu con pelajes blanco, atigrado y sésamo

Esa división tiene una historia más larga. Los akita se cruzaron con perros de pelea tosa y mastines a partir de 1868, y con pastores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los criadores japoneses intentaron salvar la raza de una orden gubernamental de sacrificar a los perros no militares. El tipo más pesado de la línea Dewa, con máscara negra y manchas pinto, atrajo a los militares estadounidenses, que llevaron perros de ese tipo a casa después de la guerra. Allí los criadores desarrollaron un perro más grande y de cabeza ancha, y la FCI reconoció al akita americano como raza separada en junio de 1999, primero como «Gran Perro Japonés» y, desde enero de 2006, como akita americano.

En cuanto al temperamento, el akita es el más tranquilo e imponente de los dos, mientras que el shiba es más alerta e independiente. El akita es un compañero exigente, y quien busque un perro pequeño, kawaii y manso suele estar más cómodo con un shiba.

Origen del Akita Inu y del Shiba Inu

La historia documentada del akita comienza en las montañas del norte de Japón. Sus antepasados eran los matagi inu, perros de caza medianos que los matagi usaban para rastrear y mantener a raya osos y jabalíes en la nieve profunda. En la región de Ōdate también se guardaban como perros de guardia y de pelea, y la raza se conoció como perro de Ōdate hasta 1931, cuando recibió el nombre de akita inu y se convirtió en la primera raza nativa declarada Monumento Natural.

La guerra casi borró esa historia. Muchos akita murieron o se perdieron por la escasez de alimentos, y los perros que sobrevivieron se habían cruzado con pastores alemanes y mastines. La raza se reconstruyó a partir de las líneas Dewa e Ichinoseki, con aportes posteriores de sangre matagi, y el estándar oficial redactado en 1934 guio el trabajo.

El shiba es aún más antiguo. Las figurillas dogū del período Jōmon muestran perros pequeños de orejas puntiagudas y cola enroscada que se parecen a la raza, y el shiba está considerado el más antiguo de los seis nihonken. Los cazadores de las montañas del centro de Japón lo usaban para levantar aves y piezas pequeñas, y su nombre, que suele traducirse como «perro de la maleza», alude a los matorrales donde trabajaba.

La raza estuvo a punto de desaparecer dos veces. Los cruces con perros importados habían reducido el número de shiba puros a comienzos del siglo XX, y la Segunda Guerra Mundial, seguida de brotes de moquillo, dejó tan pocos ejemplares que todos los shiba actuales descienden de tres líneas regionales: Shinshu, Mino y San'in. El estándar de Nippo se publicó en 1934 y el shiba fue declarado Monumento Natural en diciembre de 1936.

Akita inu descansando sobre un muro cubierto de nieve con arbustos perennes al fondo

Curiosidades sobre el Shiba Inu y el Akita Inu

  • El akita más famoso es Hachikō, que esperó a su dueño fallecido en la estación de Shibuya durante nueve años, desde 1925 hasta su muerte en 1935; en 1934 se levantó una estatua de bronce en su honor que sigue en la estación;
  • Un cachorro de akita o shiba de criadero con pedigrí suele costar entre 1.500 y 2.000 euros en España, aunque la importación desde Japón encarece el precio;
  • En España, el akita inu figura en la lista de perros potencialmente peligrosos del Real Decreto 287/2002, así que su tenencia exige licencia, seguro de responsabilidad civil y medidas de seguridad; el shiba no está en esa lista;
  • El frío de las montañas marcó a las dos razas; el akita en particular disfruta de la nieve y tolera mucho mejor el frío que el calor del verano;
  • Necesitan ejercicio y estimulación mental a diario: espacio para correr, paseos largos y algo que hacer. Un jardín por sí solo no basta;
  • Adiestrarlos requiere paciencia. La inteligencia y la independencia se juntan en un perro que no obedece por obedecer, así que la socialización temprana y unas reglas coherentes importan más que la repetición;
  • Los akita y los shiba suelen tener glóbulos rojos más pequeños que otros perros, un rasgo inofensivo llamado microcitosis que puede dificultar la lectura de una anemia en un análisis de sangre. La cebolla y el ajo dañan los glóbulos rojos de cualquier perro, así que no tienen cabida en su dieta;
  • El shiba es propenso a alergias cutáneas como la dermatitis atópica, así que un rascado persistente es motivo para visitar al veterinario pronto;
  • Ambos perros defienden su espacio y tardan en aceptar a desconocidos, por lo que la supervisión con visitas y otras mascotas forma parte de la convivencia;
  • En Tokio, un shiba llamado Shiba-san se hizo famoso al aparecer en la ventana de la tabaquería Suzuki, en Musashi-Koganei, una rutina que se mantuvo hasta 2015.

Ambas razas recompensan al mismo tipo de dueño: alguien que valora a un perro que piensa antes que a uno que obedece. El akita ofrece esa experiencia a lo grande, con la presencia de un guardián y las necesidades de una raza de trabajo; el shiba la ofrece en un formato compacto, casi felino, que encaja en la vida de ciudad, siempre que su dueño esté dispuesto a negociar tanto como a adiestrar. Ninguno de los dos es un perro de salón para principiantes, y ambos devuelven la paciencia con una lealtad que hizo famoso a Hachikō.

Fuentes y enlaces útiles

Sobre el autor

Kevin Henrique

Especialista con más de 10 años de experiencia en cultura asiática, con foco en Japón, Corea, anime y juegos. Autodidacta, escritor y viajero centrado en enseñar japonés, consejos de turismo y curiosidades profundas.

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