7 inventos japoneses que llegaron al día a día

7 inventos japoneses que llegaron al día a día

Siete piezas japonesas, del soroban a la luz blanca, y qué hizo cada una en la cocina, el bar o el laboratorio.

Si te preguntas por qué Japón tiene fama de país técnico, el primer objeto de esta lista es un panel para la pared de casa.

Índice 8

1. Panel de control de casa inteligente

¿Alguna vez imaginaste que una tabla de madera te contaría el tiempo para mañana por la noche? Eso hace el mui Board, de mui Lab, en Kioto. En reposo parece una pieza de madera lijada. Si pasas el dedo, se enciende un menú con el tiempo, mensajes escritos a mano, música y el control de luces u otros aparatos de la casa. Cuando terminas, la superficie vuelve a quedar en silencio.

mui Lab lo enseña en la galería Ebisugawa Salone, junto a su oficina. Sirve a quien ya tiene la casa conectada y quiere un mando que, al terminar, vuelva a ser madera. Sigue siendo un producto de nicho.

2. Calculadora de bolsillo

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que calculaste algo a mano? En Japón, esa cuenta ya cabía en el soroban, el ábaco de cuentas que todavía se practica. La calculadora de bolsillo llegó mucho después y metió la misma cuenta en un aparato pequeño.

Unas manos sostienen un soroban de madera con cuentas rosadas

En enero de 1971, Busicom anunció la LE-120A, llamada HANDY-LE, y la puso a la venta en junio. Medía poco más de 20 mm de grosor, mostraba 12 dígitos en un panel de LED, funcionaba con cuatro pilas AA y costaba 89.800 yenes. Llevaba un solo circuito integrado de Mostek, el MK6010. Otras máquinas de mano de esos años, como la Sharp EL-8, seguían siendo más grandes. La LE-120A es la que suele citarse como la primera que de verdad cabe en el bolsillo.

Hoy esa cuenta vive en el teléfono. La Busicom importa por el grosor, por el chip único y por las pilas.

3. Robots androides

Kokoro presentó en noviembre de 2003, en la International Robot Exhibition de Tokio, el Actroid, un androide con cara y cuerpo de persona. La Universidad de Osaka y Kokoro mostraron en enero de 2004 el Repliee Q1: parpadea, parece respirar y mueve la mano. Son piezas de feria y de laboratorio.

En 2015 abrió en Sasebo, en la prefectura de Nagasaki, el Henn-na Hotel, con dinosaurios mecánicos en la recepción y cientos de robots. Llegó a tener 243. A principios de 2019, la cadena retiró más de la mitad. Churi, el muñeco de la habitación, se activaba con los ronquidos y no contestaba una pregunta sencilla, como la hora de apertura del parque. El personal acababa fotocopiando el pasaporte a mano. Los robots del equipaje solo llegaban a unas veinticuatro de las más de cien habitaciones, fallaban con la lluvia o la nieve y a menudo se atascaban al cruzarse.

En ese hotel, recepción, maletas y preguntas volvieron al personal humano.

4. Olla eléctrica de arroz

La olla de arroz entró en la cocina. Toshiba puso a la venta la ER-4 el 10 de diciembre de 1955. Mitsubishi y otras marcas ya habían vendido ollas eléctricas que había que vigilar para que el arroz no se quemara. La ER-4 cocinaba unos 20 minutos y se apagaba sola. Costaba 3.200 yenes, cerca de un tercio del sueldo mensual medio de entonces. Al cabo de un año, Toshiba vendía más de 200.000 al mes.

¿Por qué tener una en casa? Tu arroz sale caliente. Todos conocemos el momento en que el arroz queda pegajoso o seco. La olla guarda calor y humedad, corta el calor extremo antes de que se queme y, además, se limpia con facilidad. El cuerpo es simple: un cuenco, una resistencia y un termostato. En Japón pasó de aparato caro a mueble de cocina.

Varias ollas eléctricas de arroz en un estante de tienda, con cubas de metal y paneles de botones

5. Karaoke

En 1971, Daisuke Inoue alquiló en Kobe once cajas con cintas y amplificador. Durante los espectáculos, los clientes querían acompañar a los músicos y divertirse juntos en el escenario. Inoue armó esas cajas para que cantaran sin la banda en vivo. No patentó la máquina. Pensaba que solo había juntado un reproductor, un micrófono y un amplificador que ya existían.

Shigeichi Negishi ya había montado en 1967 la Sparko Box, una caja con cinta, altavoz y micrófono. Inoue llegó cuatro años después, y su nombre quedó unido a los bares de Kobe. Desde ahí el aparato se extendió por Japón. Time lo incluyó en 1999 en su lista de asiáticos más influyentes del siglo. El Ig Nobel de la paz le llegó en 2004. El formato se quedó en los bares, y el karaoke japonés siguió en salas pequeñas mucho después de aquellas once cajas.

6. Emoji

Emoji junta dos palabras japonesas: e, imagen, y moji, carácter. Es un carácter de imagen. El 1 de noviembre de 1997, el J-Phone SkyWalker DP-211SW salió con unos 90 signos, y entre ellos estaba el montón de caca. Ese teléfono se vendió poco y los signos no pasaban a otros modelos.

Shigetaka Kurita, en NTT DOCOMO, dibujó en 1999 un conjunto de 176 emoji en una cuadrícula de 12 por 12 píxeles para el servicio i-mode. Los fabricantes copiaron ese conjunto tal cual. El MoMA, en Nueva York, lo incorporó a su colección en 2016. Hoy los mensajes usan miles de emojis, con caras grandes y amarillas. El símbolo de la caca ya estaba en el SkyWalker de 1997.

Rejilla de caras emoji amarillas, con gestos, lágrimas y accesorios

7. LED azul

El diodo emisor de luz ya existía en rojo y en verde. La lámpara blanca práctica necesitaba el azul, y ese color se resistió unos treinta años. En 1986, Isamu Akasaki e Hiroshi Amano, en la Universidad de Nagoya, lograron cristales de nitruro de galio sobre zafiro. A principios de los años noventa, Akasaki, Amano y Shuji Nakamura produjeron el LED azul brillante. Nakamura trabajaba entonces en Nichia, en Tokushima, y Akasaki y Amano seguían en Nagoya.

El 7 de octubre de 2014, la Real Academia Sueca de Ciencias les dio el Nobel de Física por ese diodo azul, que permite luz blanca con menos consumo que la bombilla de filamento. Nakamura nació en 1954 en Ikata, Japón, y el diodo lo hizo en Nichia. La nota del premio lo registra como ciudadano estadounidense y profesor de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Qué quedó en casa

La olla de arroz, el karaoke, el emoji y la luz del LED azul entraron en la rutina. La calculadora de bolsillo pasó al teléfono, y el soroban sigue en algunas aulas. El mui Board se queda en la galería y en las casas que lo eligen. El Actroid se exhibe en ferias. El hotel de Sasebo mostró el límite práctico: si el robot no entiende la pregunta, el trabajo vuelve a quien está de turno.

Fuentes y enlaces útiles

Sobre el autor

Kevin Henrique

Especialista con más de 10 años de experiencia en cultura asiática, con foco en Japón, Corea, anime y juegos. Autodidacta, escritor y viajero centrado en enseñar japonés, consejos de turismo y curiosidades profundas.

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