El sumo es la forma de lucha libre tradicional de Japón, y el único país del mundo donde se practica como deporte profesional. Dos luchadores se enfrentan en un anillo circular llamado dohyō: gana quien consigue expulsar al rival del círculo o tocar el suelo con cualquier parte del cuerpo que no sean las plantas de los pies. Más allá del combate, lo que sigue sorprendiendo a quien se acerca por primera vez es la cantidad de rituales que se han mantenido intactos durante siglos, desde la purificación con sal hasta la propia arquitectura de la heya, la casa de entrenamiento donde vive cada luchador.
En este artículo nos centramos en cómo es la vida cotidiana de un luchador: las reglas que lo rigen, la comida, el peinado, la vestimenta según el rango, los salarios, la rutina diaria y los costes físicos que acarrea la carrera. Conviene recordar de antemano que muchas de estas costumbres varían según la heya y el entrenador, así que lo que sigue es un panorama general, no una norma universal. Para más contexto sobre el origen del deporte, puedes consultar este artículo sobre la historia del sumo.

Índice 8
¿Qué es el sumo y qué lo hace tan tradicional?
Sobre el ring, la idea es sencilla: empujar o desequilibrar al oponente. En la práctica, entran en juego el peso, el centro de gravedad, la técnica y un protocolo muy cuidado. Antes de cada combate, los luchadores lanzan puñados de sal al dohyō para purificarlo, según una costumbre heredada del sintoísmo. El combate mismo dura a veces apenas unos segundos, pero el ritual que lo rodea puede durar más que el propio combate.
La Japan Sumo Association regula casi todo lo demás: las reglas del combate, el calendario de torneos (los llamados honbasho, seis al año) y el código de conducta fuera del ring. Es uno de los pocos deportes profesionales del mundo donde la vestimenta, el peinado e incluso la vida privada de los atletas siguen normas oficiales.
La vida dentro de la heya
La mayoría de los luchadores viven en la propia heya, una especie de internado deportivo regido por el oyakata (antiguo luchador convertido en entrenador y dueño de la casa). Se despiertan, entrenan, comen, duermen y descansan dentro de un mismo edificio, y comparten cuarto hasta que alcanzan el rango de sekitori.
Una de las marcas visuales más reconocibles es el peinado. Al entrar en el mundo del sumo, el luchador deja crecer el cabello para formar el chonmage, un topete que también se lucirá en público junto con el kimono tradicional. Llamar la atención, dicen algunos, ayuda al marketing personal. Renunciar a la vida privada, añaden otros, es el precio que se paga: en cuanto un rikishi sale a la calle, todo el mundo sabe quién es.

Rangos y vestimenta: la jerarquía que se lleva puesta
El sistema de divisiones del sumo funciona como una especie de insignia de rango. Las seis divisiones principales, de mayor a menor, son:
- Makuuchi
- Jūryō
- Makushita
- Sandanme
- Jonidan
- Jonokuchi
En el lenguaje del sumo, los dos primeros niveles (Makuuchi y Jūryō) se conocen como sekitori; los cuatro restantes se agrupan bajo el término más general rikishi. La frontera entre ambos mundos es enorme: marca diferencias de salario, de privilegios y, sobre todo, de vida diaria.
La ropa cambia con el rango. Los rikishi de las divisiones más bajas solo pueden usar un yukata de algodón fino, incluso en invierno, y deben calzar unas sandalias de madera llamadas geta. Los rikishi de makushita y sandanme ganan algo más de margen: pueden añadir un abrigo corto tradicional sobre el yukata y usar zōri, sandalias de paja.

Los privilegios del sekitori
Los sekitori, los dos rangos más altos, viven en otra categoría. Pueden elegir sus propias vestimentas, normalmente de seda, y la calidad del atuendo sube заметно. En las ocasiones formales, además, llevan un peinado más elaborado llamado ōichō.
El día a día también cambia: los sekitori tienen habitación propia en la heya (o pueden vivir en su propio apartamento, sobre todo los casados), mientras que el resto sigue durmiendo en dormitorios compartidos. Los horarios se ajustan al rango: un sekitori puede empezar el entrenamiento sobre las 7 de la mañana; los rikishi de menor rango suelen estar ya calentando desde las 5.
Durante las sesiones, la jerarquía se nota en los pequeños gestos. Mientras un sekitori entrena, los más jóvenes le sujetan la toalla, le limpian el sudor, le alcanzan agua o le ayudan a prepararse. La organización de quién se baña primero, quién se sienta dónde en el almuerzo o quién prepara la comida también sigue este mismo orden.

Salarios y premios: cuánto gana un luchador de sumo
Conviene aclarar desde el principio: las cifras que siguen son aproximaciones, no datos oficiales publicados por la Japan Sumo Association, y varían según la heya, los patrocinadores y el rendimiento individual. Dentro de la primera división (makuuchi) los sueldos mensuales se mueven, de forma orientativa, en estos rangos:
- Yokozuna: alrededor de 3 000 000 de yenes al mes.
- Ōzeki: alrededor de 2 500 000 yenes.
- San'yaku: alrededor de 1 800 000 yenes.
- Maegashira: alrededor de 1 400 000 yenes.
Listar los salarios del resto de divisiones sería poco útil: el rango de variación es enorme y muchos luchadores de categorías bajas reciben más complementos (regalos, propinas, ayudas) que sueldo fijo.
Además del salario base, los sekitori reciben un complemento llamado mochikyūkin, que se paga seis veces al año —una por cada torneo— y se calcula según los resultados acumulados en la carrera. Este complemento crece cuando el luchador consigue un kachikoshi (más victorias que derrotas en un torneo) y aumenta de forma especial al ganar el campeonato de la primera división. Una victoria perfecta sin derrotas, o derrotar a un yokozuna siendo maegashira (el llamado kinboshi, o «estrella dorada»), dispara aún más la cifra.
A esto se suman los premios en metálico que se entregan al ganador de cada campeonato divisional: van desde unos 100 000 yenes en la categoría más baja, jonokuchi, hasta unos 10 000 000 de yenes en makuuchi. Los luchadores de la primera división con un desempeño excepcional pueden recibir también uno o más de los tres premios especiales del torneo, valorados cada uno en alrededor de 2 000 000 de yenes.
Las sombras del deporte: salud, jerarquía y futuro incierto
No todo es gloria en el sumo. Los puntos que más se discuten hoy son tres: la salud a largo plazo, la dureza del sistema jerárquico para los más jóvenes y la caída en el número de practicantes. Sobre la salud, varios estudios e informes periodísticos citan una esperanza de vida estimada para los rikishi en torno a los 60-65 años, bastante por debajo de la media japonesa. Las causas más repetidas son la combinación de dieta hipercalórica, peso extremo y golpes acumulados: diabetes, hipertensión, problemas articulares y un riesgo elevado de eventos cardíacos no son raros en retirados.
El alcohol, presente con frecuencia en la vida social de la heya, añade presión sobre el hígado. Las articulaciones, forzadas durante años por pesos enormes, suelen pasar factura en forma de artritis. Estos riesgos no se manifiestan solo al final de la carrera: muchos de ellos van apareciendo silenciosamente a partir de los 30-40 años.
Sobre la jerarquía, la idea de que los rikishi junior cocinen, limpien, asistan a los sekitori y, en algunos casos, reciban trato humillante no es un secreto a voces. La Japan Sumo Association ha abierto investigaciones y adoptado medidas en los últimos años, pero el debate sobre los límites de la disciplina sigue abierto. El desequilibrio también se nota fuera: a medida que los sueldos de los sekitori han subido, la diferencia con los rikishi de base se ha ampliado, y con ella las desigualdades dentro de la misma heya.

La rutina diaria de un luchador de sumo
Para entender cómo encaja todo, nada mejor que seguir un día en la piel de un rikishi de rango bajo. Aunque los horarios cambian según la heya, el esquema general es bastante estable:
- 05:00 — despertar y primera rutina de estiramientos.
- 05:30 – 11:00 — sesión larga de entrenamiento (keiko) en el dohyō.
- 11:00 – 14:00 — almuerzo (casi siempre chanko nabe, el estofado caliente rico en proteínas que es la base de la dieta del luchador) y una larga siesta para ayudar a digerir y a acumular energía.
- 14:00 – 16:00 — tareas domésticas en la heya (cocinar, limpiar, preparar el baño) o, en algunas casas, una segunda sesión de entrenamiento para los sekitori.
- 16:00 – 19:30 — tiempo libre supervisado: lectura, llamadas, pequeñas compras cerca de la heya.
- 19:30 – 22:30 — cena, sobremesa y vuelta al dormitorio compartido antes del toque de queda.
La estructura es rígida por diseño: pocas cosas cambian de un luchador a otro dentro de la misma heya. Esta misma rigidez, que ha preservado la tradición durante generaciones, es también uno de los motivos que aleja a los jóvenes japoneses del deporte y alimenta el debate sobre su futuro. Si quieres hacerte una idea del ambiente, este otro artículo sobre deportes en Japón compara el sumo con otras disciplinas del país.

¿Qué te parece la vida de un luchador de sumo?
La pregunta más honesta después de leer este panorama no es «¿quieres ser luchador?», sino «¿aguantarías la rutina de una heya?». Si te interesan las tradiciones japonesas que sobreviven intactas fuera de los focos, el sumo es una ventana privilegiada: la comida, el peinado, la vestimenta y el entrenamiento esconden siglos de código no escrito. Si lo que te atrae es el deporte de élite moderno, probablemente te interesen más otras disciplinas. ¿Con cuál de las dos visiones te quedas tú?
Comunidad
Comentarios
0 comentarios
Aún no hay comentarios publicados en este idioma.
Enviar comentario