¿Japonés? ¿Por qué japonés? ¿Por qué un idioma tan inútil? ¿Por qué no inglés, español, francés…? Esa es una de las respuestas que recibes cuando dices «estoy aprendiendo japonés».
Para mucha gente, el inglés es el idioma insustituible. El japonés suena a capricho. Lo que casi nadie pone sobre la mesa es que esa comparación cambia según la lengua que ya hablas: no es lo mismo medir el japonés contra el inglés si tu oído ya está entrenado en español.
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¿El japonés es más fácil que el inglés?
Personalmente, encuentro el japonés más fácil que el inglés. Algunos se asustarán y contradirán esa opinión, y está bien: no es una ley, es una experiencia. La fama de «idioma imposible» casi siempre llega empaquetada desde el inglés, no desde el español.
La dificultad gorda del japonés está en la escritura: hiragana, katakana y kanji. Cuando empiezas a dominarla, se vuelve satisfactoria. El resto es más directo de lo que promete su leyenda: sin género en los sustantivos, sin plural a la española y con verbos que se conjugan de forma más regular, aunque con un sistema de formalidad que hay que cuidar.
El inglés, para un hispanohablante, tropieza sobre todo en la pronunciación. El español se parece mucho más al japonés en las vocales: cinco timbres estables, sílabas claras, casi sin esa sopa de vocales reducidas del inglés. Hablar japonés, al menos en lo fonético, suele costar menos que hablar inglés con naturalidad.
El Foreign Service Institute de Estados Unidos calcula unas 88 semanas, o 2.200 horas de clase, para que un hablante de inglés alcance un nivel profesional en japonés. Ese reloj mide a anglófonos, no a quien ya habla español.
Eso no convierte al japonés en un idioma fácil. Convierte en trampa la tabla de dificultad que ves repetida por ahí. Un hispanohablante puede avanzar más rápido en la oralidad y, aun así, tardar años en leer un periódico. Si quieres el otro lado de este argumento —las partes que sí duelen— hay un recorrido más largo sobre si el japonés es realmente difícil.

La gramática inglesa, en varios puntos, es más liviana que la española. El japonés va más lejos en esa dirección: el adjetivo no concuerda en número ni en género, y el verbo no cambia para «yo / tú / ellos». Cuando ya puedes leer, la escritura empieza a ayudarte a desarmar la frase en vez de esconderla.
Las ventajas de estudiar japonés e inglés
¿Y si estudias los dos? No se anulan. Desde la era moderna, el japonés absorbió un montón de vocabulario occidental, y una parte grande de esos préstamos vive hoy en katakana. Saber inglés no te enseña japonés por arte de magia, pero deja menos extrañas palabras como computer, hotel o coffee, aunque la pronunciación se haya reconstruido a sílabas japonesas.
Se estima que hay más de mil palabras de origen inglés escritas en katakana. También hay huellas del portugués, del francés y del propio español. Si quieres ver cómo el japonés se parece —y no se parece— a otras lenguas, hay un recorrido en las similitudes entre el japonés y otros idiomas.

Inglés y japonés se complementan más de lo que la gente admite: uno abre puertas globales; el otro abre un país que, en la vida diaria, sigue funcionando en japonés. El error es tratarlos como rivales en una pelea que nadie te pidió.
No aprendas un idioma por obligación
Pregunta a alguien que esté aprendiendo inglés el motivo de estar estudiando el idioma. Dirán cosas como:
- Porque quiero tener un buen trabajo;
- Porque necesito entrar en una universidad;
- Porque mis padres me obligan;
- Porque este es un idioma útil;
- Porque es el idioma más hablado en todo el mundo;
- Otros.
Si prestas atención, verás que estos motivos están ligados a algo externo a ti. La motivación para aprender inglés, en esos casos, no nace dentro de la persona.
Simplemente aprenden por obligación. Por eso muchos lo intentan y no consiguen sostenerlo: falta ganas, deseo y esfuerzo de verdad. Quienes estudian japonés suelen llegar con motivos de este tipo:
- Porque me gustan los animes;
- Porque me gusta la cultura;
- Porque me parece interesante;
- Porque las japonesas son bonitas;
- Porque quiero entender RPGs y novelas en japonés;
- Porque tengo una novia japonesa;
- Porque me gusta el J-pop (o el Vocaloid).
Todos esos motivos están ligados a un sentimiento fuerte dentro de la persona, una motivación interior, tuya. Pueden parecer ridículos, pero son cosas por las que hay un apego real, y ese apego empuja el estudio cuando la gramática se pone pesada.

La palabra «gustar» tiene un sentido más profundo de lo que imaginas. Creo que «gustar» puede acercarse a «amar», solo que no carga la misma intensidad. Esa gente suele tener más éxito estudiando el idioma. Por eso, aprende lo que desees y no lo que otros te dictan. Me quedaron muy grabadas las palabras de la profesora de coreano 바보 (AiLeen):
«Si el incentivo para hacer algo es genuino y viene de dentro hacia afuera, las posibilidades de que salga bien aumentan muchísimo.»
No existe un idioma inútil
La gente dice que el japonés es inútil, que no te va a servir de nada. Están equivocados. No existe el idioma inútil: esa idea es un absurdo.
Todo idioma tiene alguna utilidad. El catalán, por ejemplo, lo hablan alrededor de diez millones de personas, según recuentos que suman a quien lo habla bien en Cataluña, Baleares y el País Valenciano, más comunidades más pequeñas fuera de España. No es un dialecto del castellano: es otra lengua romance, con prensa, escuela y vida cotidiana propias.
¿Qué puedes hacer hablando catalán? Vivir y trabajar en Barcelona, moverte por las Islas Baleares, entender Andorra o buena parte del País Valenciano. No hace falta que un idioma sea el inglés para que tenga sentido.

Para aprender un idioma hace falta un motivo fuerte. No basta con encararlo como una obligación. Sabiendo japonés puedes competir por becas de estudio en Japón. Eso ya no suena a hobby vacío.
Claro que el inglés también es indispensable. Abre puertas y ayuda a aprender otros idiomas. El problema es que la mayoría lo estudia solo porque «toca», no porque le guste. Si no te gusta el inglés, rara vez vas a tener resultados.
Al final, no importa qué idioma estés estudiando ni cuántos hablantes tenga. Si la motivación es tuya, alcanza para sostener el estudio. ¡Buenos estudios!
¿Por dónde empezar?
Si todavía dudas del japonés, o no sabes por dónde entrar, en el sitio hay material gratuito de sobra: desde recursos activos para estudiar hasta una guía de cuánto tiempo se tarda en aprender japonés.
Un curso ayuda cuando quieres ritmo y correcciones. Un artículo no sustituye a un profesor, pero sí te deja comprobar si de verdad te gusta el idioma antes de pagar por él. Empieza por lo que te engancha —una canción, un anime, un viaje— y deja que la obligación, si llega, llegue después.
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