Pocos temas se repiten en Occidente con tanta insistencia como los supuestos hábitos alimentarios extraños de los japoneses. En foros, guías de viaje y publicaciones en redes sociales aparecen con regularidad afirmaciones de que los japoneses comen perros, insectos, ratas o incluso carne humana. Estas historias forman parte desde hace décadas del repertorio fijo de clichés occidentales sobre Japón. Pero, ¿cuánta verdad hay realmente detrás de estos mitos y dónde empieza la desinformación?
La cocina japonesa (和食, washoku) está considerada como una de las más equilibradas y respetadas del mundo. La UNESCO la incorporó en 2013 a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Precisamente porque el washoku goza de un reconocimiento internacional tan sólido, los rumores recurrentes sobre alimentos supuestamente repulsivos encuentran terreno fértil. Este artículo separa los hechos de los prejuicios y responde a la pregunta sobre la carne de perro, los insectos, las ratas y la carne humana en Japón, con serenidad, sin sensacionalismo y sin juzgar de forma sumaria a otras culturas.

Mitos occidentales sobre la cocina japonesa
Quien se acerca a la percepción de Japón en Occidente se topa pronto con un patrón que se repite: las cocinas extranjeras suelen juzgarse por aquello que más sorprende al observador europeo o americano. En el caso de Japón, desde el siglo XIX dominan tres ejes: el pescado crudo, los mariscos exóticos y el supuesto consumo de todo lo que se mueva. Viajeros, primeros periodistas y, más tarde, medios sensacionalistas construyeron una imagen compuesta a partir de observaciones aisladas, que poco tiene que ver con la realidad de la cultura gastronómica japonesa.
El mito más persistente mezcla varios elementos en una sola frase: "los japoneses comen cosas asquerosas". Esa generalización convierte en un único bloque prácticas que pertenecen a tradiciones muy distintas. El consumo de ballena, por ejemplo, es una práctica costera documentada durante siglos, mientras que la entomofagia (consumo de insectos) sobrevive solo en zonas rurales concretas y en platos muy específicos. Tratar ambos fenómenos como si fueran equivalentes es, en sí mismo, parte del mito.
¿Los japoneses comen carne de perro?
No, los japoneses no comen carne de perro.
A diferencia de algunos países asiáticos como China, Corea del Sur y Vietnam, donde el consumo de carne de perro se registró en contextos históricos y, en ciertas regiones, llegó a ser una práctica documentada, en Japón esa costumbre es inexistente. Los perros se perciben de forma generalizada como animales de compañía y son tratados como miembros de la familia. El coste y la regulación de la cría de perros en Japón hacen inviable, además, cualquier hipótesis de consumo a gran escala.
La relación de los japoneses con los perros está marcada por el cuidado y el respeto. La Japan Pet Food Association estimaba en torno a 8,4 millones de perros como mascotas en el país en 2023, y existen inversiones notables en clínicas veterinarias, tiendas especializadas, hoteles para animales e incluso spas para perros. Esa cultura del cuidado encaja muy poco con un imaginario de consumo.
En el plano normativo, conviene recordar que Corea del Sur vivió en 2024 un cambio relevante: su Tribunal Supremo dictaminó que el sacrificio de perros para consumo ya no puede considerarse una práctica cultural protegida, en línea con la presión legislativa interna y con el declive real de la demanda. En China, el Ministerio de Agricultura dejó de incluir a los perros en su lista oficial de animales aptos para consumo en 2020. Son señales claras de que esta práctica se aleja también en los países donde existía.
Lee también: Consumo de la carne de perro

¿Los japoneses comen insectos?
Sí, pero en contextos muy específicos, regionales y cada vez más escasos.
La entomofagia en Japón es una práctica histórica limitada a zonas rurales y a platos de fuerte anclaje local. No forma parte de la dieta cotidiana de la mayoría de los japoneses, ni se sirve en los restaurantes convencionales. Cuando aparece, suele hacerlo en forma de conservas tradicionales, guisos regionales o especialidades de temporada, no como plato principal.
Tres ejemplos ilustran bien el fenómeno y merecen la pena recordar:
Inago no tsukudani
El inago no tsukudani es una preparación de saltamontes (inago) guisados en salsa de soja, mirin y azúcar, que se conservan en tarros de cristal. Es una conserva típica de la región de Nagano y de zonas montañosas del centro de Japón, donde se consume como acompañamiento del arroz o de la cerveza. Su presencia en la dieta actual es testimonial, pero forma parte del patrimonio gastronómico rural.

Hachinoko
El hachinoko (幼虫) son larvas de avispa, salteadas con salsa de soja, jengibre y azúcar. Se consideran una exquisitez en prefecturas como Gifu, Toyama y partes de Fukushima. Aunque goza de cierto prestigio entre los amantes de la cocina regional, su consumo se reduce a pequeños volúmenes y a establecimientos muy concretos.
Zaza-mushi
El zaza-mushi es un plato compartido a base de insectos variados (grillos, larvas y saltamontes pequeños) cocidos en el caldo directamente en la mesa, en una olla hirviente. Se asocia a Tottori y Shimane, y se sirve en restaurantes especializados como experiencia culinaria más que como comida del día a día.
Históricamente, durante períodos de escasez, como la posguerra, el consumo de insectos fue una necesidad para algunas comunidades rurales, no una elección cultural extendida. Hoy, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueve la entomofagia como fuente de proteína sostenible, y en Japón han empezado a aparecer empresas que comercializan insectos comestibles envasados, pero su presencia en la dieta media sigue siendo anecdótica.
¿Los japoneses comen ratas?
No, los japoneses no comen ratas.
En Japón no existe una tradición de consumo de ratas, ni histórica ni contemporánea. Las ratas se perciben como plagas, igual que en la mayor parte de los países industrializados, y están asociadas a problemas sanitarios, no a la gastronomía. La imagen de un plato típico japonés con carne de rata es un constructo de ficción, no un dato contrastable.
El origen del rumor se mezcla, probablemente, con la confusión general entre cocinas asiáticas y con clichés sobre Asia rural. Mientras que en algunas regiones muy concretas del sudeste asiático se han documentado consumos puntuales de pequeños roedores en contextos de subsistencia, Japón nunca ha formado parte de ese circuito. Su tradición culinaria, basada en arroz, pescado, verduras y soja, deja poco espacio cultural para ese tipo de proteína.
¿Los japoneses comen carne humana?
No. La afirmación no tiene base factual alguna.
Japón cuenta con un marco legal estricto que prohíbe el canibalismo, alineado con el de cualquier sociedad contemporánea. No existen casos documentados, ni registros históricos creíbles, que respalden la idea de una práctica de consumo de carne humana en territorio japonés, ni en época moderna ni en períodos anteriores.
El mito tiene su origen en gran medida en la propaganda de guerra occidental de mediados del siglo XX. Historiadores como John Dower, en Embracing Defeat, documentaron cómo la maquinaria bélica estadounidense construyó imágenes del Japón enemigo que incluían acusaciones sin fundamento, como la de una cultura "caníbal". Esas narrativas se difundieron a través de la prensa de la época y arraigaron en el imaginario colectivo, donde permanecen décadas después. El estudioso Yuki Tanaka recogió parte de ese rastro en Japan's Comfort Women y en trabajos posteriores sobre propaganda y atrocidad en el Pacífico.
Conviene, además, separar esta cuestión de otras conductas reales de aquella etapa. La existencia de unidades de confort y de abusos documentados por el ejército imperial japonés en distintos frentes fue un hecho gravísimo, pero no convierte en verdad la afirmación general de que "los japoneses comen personas". Tratar ambas cosas como equivalentes es exactamente la distorsión que alimentó la propaganda de guerra y que hoy se reproduce sin contexto en redes sociales y en bulos virales.
¿Qué otros animales comen los japoneses?
Para hacerse una idea más ajustada de la cocina japonesa, conviene repasar algunos casos que, sin ser mitos, suelen citarse de forma exagerada o descontextualizada.
Ranas en Japón
En Japón se comen ranas, pero de manera excepcional. Existen restaurantes muy especializados que ofrecen ancas de rana en guisos o frituras, a menudo como guiño a la cocina francesa (la cuisses de grenouille es una referencia clásica en Francia, Bélgica y, en menor medida, en Estados Unidos). En el día a día de la mayoría de los japoneses, sin embargo, las ranas no aparecen en el menú. La asociación recurrente con el interior de São Paulo que aparece en algunos textos procede de comparaciones forzadas y no refleja un hábito compartido.
Ballenas en Japón
El consumo de ballena tiene una dimensión histórica y otra contemporánea que conviene distinguir. Históricamente, la carne de ballena fue un recurso clave en comunidades costeras, sobre todo durante la posguerra, cuando la escasez de proteínas la convirtió en una de las principales fuentes de carne disponibles. Japón salió en 2019 del moratorio internacional de la Comisión Ballenera Internacional y reanudó la caza comercial con fines de consumo, aunque el volumen actual de carne de ballena en la dieta es muy bajo y se concentra en platos específicos y en zonas concretas. La cuestión despierta tensiones diplomáticas y comerciales, pero conviene separar el debate ético y ecológico del cliché cultural.
El calamar danzante (ikizukuri)
Un plato que aparece a menudo en titulares sensacionalistas es el Katsu Ika Odori-don, también llamado ikizukuri en su forma genérica: un calamar recién decapitado sobre un cuenco de arroz, al que se le añade salsa de soja. Los movimientos que parecen "vivos" no son signo de que el animal lo esté, sino reflejos nerviosos desencadenados por el sodio de la salsa. El calamar se ha sacrificado antes del emplatado; lo que ves es química, no consciencia. Aun así, es un plato polémico incluso dentro de Japón, y se ofrece solo en restaurantes especializados. Representa más una curiosidad gastronómica que un hábito de la cocina japonesa.
¿Por qué persisten estos mitos?
Para desmontar los mitos no basta con responder uno por uno: hace falta entender por qué siguen vivos. Hay tres mecanismos que se retroalimentan.
Confusión con otros países de Asia
La primera causa es la confusión cultural. En Occidente se tiende a tratar a Asia como un bloque homogéneo, cuando en realidad cada país tiene tradiciones, religiones y cocinas muy distintas. Atribuir a Japón prácticas documentadas en China, Corea, Vietnam, Tailandia o Filipinas no solo es inexacto: además, refuerza el estereotipo de "lo asiático" como algo ajeno y amenazante.
Propaganda y relatos de guerra
La segunda causa es histórica. Durante la Segunda Guerra Mundial, la propaganda aliada construyó imágenes del enemigo japonés que mezclaban realidad y ficción para movilizar a la opinión pública. Algunas de esas imágenes, como la de un Japón "caníbal", se difundieron en prensa, cine y materiales educativos, y arraigaron en la cultura popular. Décadas después, esas narrativas reaparecen en redes sociales desprovistas de contexto, convertidas en pseudo-curiosidades sobre Japón.
Sensacionalismo y bulos
La tercera causa es contemporánea. Los formatos cortos de redes sociales premian los contenidos extremos: el bulo de que "los japoneses comen X" circula más rápido que el artículo serio que lo desmiente. La ausencia de contexto histórico, geográfico y cultural convierte excepciones regionales en supuestas reglas nacionales. Japón, por su peso cultural internacional, se convierte en destinatario frecuente de ese tipo de rumores.
La verdadera cocina japonesa
La dieta japonesa tradicional, basada en arroz, pescado, verduras, algas y derivados de soja, está reconocida como una de las más equilibradas del mundo. La UNESCO destacó en 2013, en su decisión de inscribir el washoku, su papel en la promoción de la salud y de la convivialidad. La esperanza de vida de Japón, en torno a 84 años según los datos recientes de la OMS, suele atribuirse a esta combinación, junto con otros factores como el sistema sanitario y los hábitos sociales de comida.
La cocina japonesa evoluciona con el tiempo e incorpora influencias internacionales, pero conserva una identidad clara. Reducirla a una lista de prácticas extremas, además de falso, impide apreciar su verdadera riqueza. El sushi, el ramen, el udon, el tempura, el okonomiyaki o el kaiseki representan mucho mejor el día a día gastronómico japonés que cualquier rumor sobre supuestos platos exóticos.
Conclusión
La respuesta corta a la pregunta del título es nítida: los japoneses no comen carne de perro, no comen ratas y no comen carne humana. Sí consumen insectos en algunas regiones rurales, como hacen también en otras partes del mundo, y mantienen prácticas como el consumo de ballena en contextos muy concretos y decrecientes. Ninguna de estas cosas convierte a Japón en el país de los clichés sensacionalistas que circulan en internet.
Detrás de cada uno de estos mitos hay un mecanismo reconocible: confusión entre culturas asiáticas, ecos de propaganda de guerra, o simple sensacionalismo digital. Reconocer esos mecanismos es la mejor forma de acercarse a la cocina japonesa sin prejuicios. Si alguna vez tienes la oportunidad, prueba un sushi recién hecho o un ramen de fideos artesanales. Te llevarás una idea mucho más fiel de Japón que la que transmiten los bulos.
Comunidad
Comentarios
0 comentarios
Aún no hay comentarios publicados en este idioma.
Enviar comentario