Mientras algunos creen que las sombrillas sirven para protegerse del sol y los paraguas para la lluvia, en español la frontera también es de estilo: sombrilla suena más a mujer, paraguas parece unisex. En japonés esa diferencia no existe. Los dos se llaman kasa [傘].
La trampa está en el segundo kanji. Hay otro kasa, escrito 笠, que no se abre ni se deja en el paraguero del restaurante: es un sombrero. Japón usa la misma pronunciación para casi todo lo que te cubre la cabeza, sea vinilo de konbini, papel washi o junco.
En verano vi tantos paraguas transparentes que hasta compré uno. Por desgracia me lo dejé olvidado en Japón. Sirven sobre todo para la lluvia, y el plástico aguanta más de lo que sugiere el precio de kiosco.

Índice 5
Dos kasa: el que se abre y el que se lleva puesto
El kanji 傘 nombra el paraguas y la sombrilla. El kanji 笠 nombra sombreros tradicionales de ala ancha. Se leen igual; el dibujo cambia el objeto. Si alguien dice solo «kasa», el contexto decide si te tiende un mango o si se pone algo en la cabeza.
Entre los sombreros, el sugegasa [菅笠] es el cónico de junco que aparece en el campo y en algunos matsuri. El jingasa [陣笠] era el de samurái y ashigaru: cuero, metal, bambú o papel lacado, a menudo con el mon del clan. No se pliegan. No son paraguas. Solo ocupan la misma palabra.
| Nombre | Kanji | Qué cubre |
|---|---|---|
| kasa | 傘 | Paraguas o sombrilla |
| kasa | 笠 | Sombrero tradicional |
| wagasa | 和傘 | Paraguas o sombrilla de papel japonés |
| bangasa | 番傘 | Wagasa de lluvia, grueso y práctico |
| janomegasa | 蛇の目傘 | Wagasa de «ojo de serpiente», más fino |
| higasa | 日傘 | Solo sol: el papel no lleva aceite |
El transparente que compras cuando empieza a llover
En una calle de Tokio el kasa cotidiano casi nunca es de papel. Es el biniirugasa [ビニール傘]: vinilo transparente, mango de plástico, a la venta en konbini, farmacia y tienda de 100 yenes. Ves a través. Dejas de clavar la punta en el hombro de quien viene de frente. Por eso, cuando llueve, la ciudad parece un techo de plástico en movimiento.
En Japón se venden unos 130 millones de paraguas al año. La mayoría son vinilos baratos importados, alrededor de 500 yenes. El modelo transparente, sin embargo, nació ahí: White Rose, en Asakusa, fabricó su primer paraguas de plástico en 1958. Entonces no conseguían vinilo transparente, así que salían blancos. Hoy el kiosco está lleno de importación; White Rose sigue siendo el fabricante nacional que no abandonó esa línea.
Wagasa: la sombrilla de bambú y washi
La sombrilla tradicional japonesa es la wagasa [和傘]. Se fabrica a mano con varillas de bambú y papel washi engrasado. Llegó desde China y, en ceremonias budistas, llegó a tratarse como objeto con peso ritual, no como simple chubasquero.
En Japón se asienta en el período Heian (794-1185) y se populariza en el Edo. Las geishas la convirtieron en parte del vestir; hoy aparece en ceremonia del té, bodas, festivales y danza. Cerrada parece un palo de bambú. Abierta, el papel tensa entre decenas de costillas.

Las wagasa cambian de color y de motivo según el uso. Las moradas se asocian a menudo a las geishas y a la longevidad. El rosa aparece en danza; el verde o el rojo, en gente de mediana edad; el azul oscuro, en personas mayores. El blanco se reserva para funerales. No es un código de tráfico: es costumbre de taller y de escenario, y cada región tiene su gusto.
Bangasa, janomegasa e higasa
No toda wagasa sirve para lo mismo. El bangasa [番傘] es el de diario: mango de bambú grueso, papel liso, aceite vegetal para la lluvia. En el Edo lo usaba quien no podía permitirse uno fino; los comercios lo marcaban con número o nombre de tienda para prestarlo si el cielo se rompía a media calle.
El janomegasa [蛇の目傘] es más ligero. Al abrirlo, un círculo blanco sobre fondo rojo o azul recuerda el ojo de una serpiente —de ahí el nombre—. Lleva más costillas, hilo decorativo por dentro y mango envuelto. En kabuki y en el caminar de Kioto es el que se nota.
El higasa [日傘] es sombrilla de sol. El papel no se unge con aceite, así que el agua lo estropea. El washi deja pasar una luz suave; no es el UV de una sombrilla occidental, es otra cosa. El maigasa, de danza, va por el mismo camino: a veces de seda, a veces semitransparente para que el bailarín vea al público.
Cuando el paraguas se vuelve invento
Como Japón adora reinventar las cosas de cada día, hay una lista larga de paraguas que no buscas hasta que te los encuentras. No todos son fáciles de hallar, ni mucho menos populares.
Algunos esconden un dibujo que solo aparece al mojarse la tela. Otros llevan visera que cubre la cabeza y aun así dejan ver. Hay modelos que se abren al revés, para no salpicar a quien tienes al lado en el andén. También existen el que se ata a los brazos, el sombrero-paraguas y hasta un sombrero sobre el que puedes sentarte.

- Paraguas samurái — un paraguas corriente con forma de katana;
- Paraguas kokeshi — el mango es una muñeca kokeshi;
- Vegetabrella — este directamente se convirtió en una ensalada;
Un proyecto llamado The Million Girls, que buscaba vender la idea de un «Japón bizarro», sacó el Upskirt Umbrella: por debajo se veían las piernas y la ropa interior de una estudiante al estilo anime. Es el tipo de objeto que explica por qué, en Japón, el paraguas también sirve de chiste de feria.

El gesto más tierno con un kasa no necesita katana ni vinilo fluorescente. Se llama aiaigasa: compartir el paraguas cuando al otro se le olvidó el suyo. Un solo kasa, dos cabezas, y la lluvia deja de ser un trámite.
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