Japón es un país relativamente pequeño y cuenta hoy con unos 124 millones de habitantes. Hay quien todavía imagina que la natalidad está controlada o que solo se permite un hijo. La realidad es la contraria: el gobierno desea más nacimientos, pero muchas parejas retrasan o descartan la idea de ser padres.
Japón tiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo. La sociedad envejece, cae la proporción de jóvenes y cada vez menos personas forman la pareja estable que, en la práctica, precede al primer hijo. Si el ritmo se mantiene, más ciudades se vaciarán, con costes económicos y sociales difíciles de ignorar.
Las autoridades han apostado por ayudas, plazas de guardería y campañas públicas. Aunque una pareja tenga medios, conoce de cerca las jornadas largas, el coste de la vida y lo complicado que es conciliar trabajo y crianza.
El aborto es legal en Japón bajo condiciones reguladas, pero no explica por sí solo el descenso de nacimientos. Pesan más el matrimonio tardío, menos casamientos y la decisión de no tener siquiera el primer hijo. Para muchos lectores de fuera, el cuadro parece el reverso de sociedades donde se tienen muchos hijos en condiciones precarias: aquí suele ganar la cautela.

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¿Cuántos hijos suelen tener los japoneses?
La tasa global de fecundidad cayó a unos 1,15 hijos por mujer en 2024, un mínimo histórico y muy por debajo de los 2,1 necesarios para reponer la población. En 2023 el valor rondaba 1,20.
En 2024 nacieron solo unos 686.000 bebés: la primera vez que la cifra anual bajó de 700.000 en los registros modernos, lejos del «un millón al año» de textos más antiguos. Hace un siglo la fecundidad era mucho más alta; el descenso ha sido largo y tenaz.
Las diferencias regionales son claras: en Tokio la cifra suele situarse por debajo de 1,0, mientras Okinawa y algunas prefecturas rurales van un poco más altas, aunque ninguna se acerca al nivel de reemplazo.
Algunos puntos de orientación sobre la población:
- La mayoría de las parejas con hijos se queda en uno; dos o tres es posible, pero no la norma;
- La proporción de menores de 15 años es relativamente baja;
- Los adultos en edad laboral sostienen gran parte de la economía;
- Los mayores de 65 forman un grupo grande y en crecimiento;
- Muchas mujeres y hombres se casan tarde o no se casan, y fuera del matrimonio nacen muy pocos niños.

Vida cotidiana de madres e hijos
- Amamantar en público es poco habitual y a menudo incómodo;
- Tener niñera a tiempo completo es raro: suelen ayudar los abuelos o la guardería;
- Tras el primer hijo, muchas mujeres reducen jornada o dejan el empleo un tiempo;
- Existen escuelas públicas y privadas; aun así, las academias de refuerzo (juku) y el coste de criar elevan la presión.
Esos factores ayudan a entender la cautela. Criar un hijo se toma como una responsabilidad grande, y mucha gente reflexiona mucho antes de decidirse —algo comprensible cuando sobran pocas horas de energía al final del día.
Las mujeres suelen sentir la tensión entre carrera y familia. Volver al trabajo tras el parto a menudo implica peores condiciones, mientras se espera de los hombres una presencia larga en la empresa. Eso frena el primer hijo y, sobre todo, el segundo.
Medidas de incentivo para tener hijos en Japón
Gobierno y empresas llevan años intentando animar a las parejas —y a los solteros a formar vínculo—. Las jornadas largas, la timidez y el refugio en aficiones privadas dificultan el ligue. Apps de citas, iniciativas locales y campañas mediáticas intentan acortar distancias.
Hay ayudas por hijo, permisos parentales más amplios y más plazas de guardería. Las cantidades y normas cambian con las reformas y las prefecturas; lo importante es que el dinero solo no ha invertido la tendencia. Algunas compañías prueban semanas más cortas; doramas y animes siguen mostrando familias numerosas como imagen deseable.

Productos, simuladores de citas y empujes mediáticos a veces tienen el efecto contrario y profundizan el retiro de algunos jóvenes —hasta el aislamiento social. El debate sobre menos relaciones íntimas forma parte del mismo cuadro, sin reducir todo a un solo eslogan.
Menos sexo, matrimonio tarde y deseo de hijos
Encuestas y titulares vuelven al mismo núcleo: menos parejas, matrimonio más tardío y, en algunas uniones, menos sexo. Si Japón es de verdad un «país del celibato» es discutible; lo claro es que la caída de nacimientos va unida a si se forma o no una pareja estable.
La expresión sekkusu shinai shōkōgun («síndrome del celibato») resume la idea de que una parte grande de la población tiene poco o nada de sexo. Incluso parejas casadas citan el cansancio tras el trabajo o la falta de interés. Eso no basta para explicar un 1,15 de fecundidad, pero sí alarga el camino desde conocerse hasta el primer hijo.
Desde mediados de los noventa, la incertidumbre económica, el alquiler caro en las metrópolis y los empleos inestables marcan la vida joven. Si salir de casa de los padres significa un piso minúsculo y poca seguridad, planear una familia se vuelve difícil. La «emergencia silenciosa» de la natalidad no es solo un gráfico: es una decisión aplazada año tras año.
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