Quedarse en el suelo con las piernas dobladas hacia atrás puede parecer un desafío para muchos, pero en Japón, esa práctica tiene nombre, propósito e historia: seiza. En el primer contacto con la cultura tradicional japonesa, ya sea en ceremonias formales, artes marciales o incluso en visitas a templos, es común encontrarse con esa manera específica de acomodarse. Aunque simple a primera vista, el seiza carga décadas de tradición y códigos sociales.
Muchos extranjeros se preguntan por qué los japoneses aún mantienen esa costumbre, especialmente en una era en que sillas y bancos dominan el día a día. La verdad es que, para entender el seiza, es preciso mirar más allá del aspecto físico. Esa postura revela mucho sobre la forma en que los japoneses ven el respeto, el silencio y el autocontrol — elementos que atraviesan generaciones.
Tabla de contenido
Cómo surgió el Seiza y por qué se convirtió en la forma «correcta» de sentarse
La palabra «seiza» (正座) significa literalmente «sentarse correctamente», pero ese «correcto» tiene mucho que ver con el contexto histórico. Antiguamente, cuando las casas comenzaron a ser forradas con tatames (esteras de paja de arroz), la manera en que las personas se sentaban también necesitó adaptarse. El calzado se dejaba fuera y sentarse con las rodillas dobladas parecía más adecuado al ambiente limpio e íntimo de la casa japonesa.
Fue durante el período Edo (1603–1868) que el seiza comenzó a establecerse como estándar en ambientes formales. Nobles, samuráis y personas ligadas a rituales religiosos adoptaron la postura como parte del comportamiento exigido en situaciones solemnes. A partir de ahí, se extendió a otros campos de la vida japonesa, como teatro, meditación y etiqueta social.
Más que una norma, el seiza se volvió parte de la educación: hasta hoy, muchas escuelas enseñan a los niños a sentarse así en momentos de asambleas, presentaciones o ceremonias escolares.

Lo que el Seiza representa en el día a día
Al contrario de lo que puede parecer, el seiza no se usa en todos los momentos. Hoy en día, la mayoría de los japoneses solo lo adopta en situaciones específicas — generalmente aquellas que exigen formalidad o concentración. Entre esas ocasiones están:
- Ceremonias de té: donde cada gesto importa y el cuerpo necesita acompañar el ritmo calmado de la práctica.
- Visitas a templos: en que el silencio y la reverencia exigen una postura estable.
- Funerales y reuniones formales: donde el respeto se expresa hasta en la manera de posicionarse.
Sentarse en seiza en esos momentos transmite compostura y buena educación. Y más: muestra que la persona está presente de cuerpo y mente. No en vano, muchos maestros de artes tradicionales aún hoy exigen que sus alumnos comiencen y terminen las actividades en seiza.

La presencia del Seiza en las artes marciales
Si ya has visto una clase de kendo, aikido o karate tradicional, seguramente notaste que todos los practicantes comienzan alineados en silencio, sentados en seiza. Ahí, la postura no es solo estética — prepara el cuerpo y el espíritu para el entrenamiento.
El ritual de inicio (y finalización) del entrenamiento, llamado «rei», exige que todos se mantengan en silencio y hagan una salutación. Estar en seiza en ese momento representa atención, prontitud y respeto por quien está al lado y por quien enseña.
En algunas escuelas de budo (camino de la guerra), el seiza es parte incluso de técnicas. Aprender a moverse a partir de esa posición ayuda a entrenar equilibrio, control corporal e incluso respuestas rápidas — sí, es posible levantarse y defenderse con fluidez a partir de ella, pero eso exige entrenamiento.

Dificultades del Seiza y adaptaciones modernas
Es verdad: para quien no creció con el hábito, el seiza puede ser incómodo. Piernas dormidas, tobillos doloridos y sensación de rigidez son quejas comunes. Pero hay formas de lidiar con eso sin desrespetar la tradición.
Aquí va una lista práctica para adaptar el seiza de forma más accesible:
- Usa un zabuton: cojines bajos ayudan a reducir la presión sobre los tobillos y rodillas.
- Alterna con la postura agura: sentarse con las piernas cruzadas es aceptado en ambientes informales.
- Practica con moderación: comienza con pocos minutos por día y ve aumentando el tiempo poco a poco.
- Estira antes y después: prioriza estiramientos para las caderas, rodillas y tobillos.
- Respeta los límites del cuerpo: nadie necesita sufrir para seguir una tradición — adapta según sea necesario.
Hoy, incluso en Japón, no es incomún que personas mayores o con movilidad reducida sean liberadas para usar banquillos o sentarse con las piernas hacia el lado (yoko-zuwari), sin ningún juicio.

Mucho más allá de la etiqueta
Más que una obligación cultural, el seiza es una práctica que invita a la introspección. Al sentarse de forma consciente, el cuerpo se alinea, la mente desacelera y el momento presente gana destaque. Por eso, aún es tan valorado en meditaciones zen y ceremonias budistas.
Quien adopta el seiza con frecuencia suele relatar una sensación de enraizamiento — como si el suelo sostuviera no solo el cuerpo, sino también el pensamiento. No es magia ni misticismo: es resultado de la postura alineada y de la respiración natural que ella facilita.
A pesar de parecer una tradición rígida a primera vista, el seiza continúa siendo practicado porque ofrece algo que no siempre encontramos en la carrera del día a día: tiempo para estar entero.
¿Quieres experimentar? Intenta sentarte por dos o tres minutos en seiza, con la columna erguida y los ojos cerrados. Sin prisa. Solo observa cómo reacciona el cuerpo. Tal vez descubras que esa antigua forma de sentarse tiene más que ver con el presente que con el pasado.


Deja un comentario